Puertas a Otro Mundo - Capítulo 1: Despertar



Introducción:

Esta va a ser la nueva serie del blog, que bien podréis seguir los que queráis y os interese. El género va a ser de fantasía que viene siendo mi ámbito, ya que así, puedo tocar dos temas totalmente distintos con el libro que estoy escribiendo y con éste. El fondo de la historia va a residir en una joven que va a despertar algo dentro de ella, algo que ni siquiera pensaba que tenía y que va a empezar a experimentar junto a otros personajes. Empezará a conectar con otro mundo que nunca pensaba que existiera y con criaturas que ni imaginaría.

Todos los jueves tendréis un capítulo nuevo.


Capítulo 1: Despertar

Un día más. Siempre me despertaba con una pesadilla, medio dormida por haber pasado el peor insomnio nunca visto o mirando el techo con aburrimiento, esperando que al menos él, me respondiera. Esperaba que apareciera algo interesante en mi vida, pero cada día era el de siempre: clases, comida, deberes, merienda, psicólogo, dar vueltas por el barrio, cena, música y dormir, si es que podía; tenía la vida más aburrida que alguien podía tener y, la verdad, me desesperaba. Nunca había podido hacer amigos, no les interesaba lo más mínimo y, qué decir de esos chavales inexpertos que intentaban por todos los medios bajar bragas cuando ni siquiera sabían tocar a una mujer, era de locos, así que, ese ámbito tampoco tenía pensado conquistarlo. 

Miré al espejo ese montón de cabello castaño hecho un desastre, los ojos caídos debido a lo poco que había dormido la noche anterior, la piel más bien pálida y seca, mis labios finos apretados por la falta de emoción en mi vida, mi cuerpo esbelto repleto de cansancio y un montón de dudas de si escaparme de las clases o ir a dar una vuelta y saltármelas, estaba desganada. Después de lavarme la cara con pesadez, salí del cuarto de baño para cambiarme de ropa antes de que mi madre empezara a vociferar en la cocina para que bajara a desayunar, cosa que no tardaría en hacer, pero algo me llamó la atención antes de todo eso. Había una nota situada en la esquina del escritorio que utilizaba para estudiar, me acerqué poco a poco porque no sabía qué hacía ahí ese sobre dorado, ¿lo habría dejado mi madre mientras dormía? La letra era de lo más estilizada, formaba intensas curvas y era de color negro. Mis ojos se abrieron debido a la sorpresa cuando leí lo que estaba escrito:


"Buenos días, queridísima Crystal. Soy alguien sencillo, pulcro y con los pies en la tierra que me lleve la marea, me gustaría abrirte las puertas de algo que no imaginarías. Querría que vinieras a verme cerca de la playa, me atrevería a decirte que tienes una dotes innatas para ser quién vas a ser, para abrir los ojos a algo nuevo y adentrarte en un mundo desconocido. He entendido que no vives la vida que te gustaría, pues amiga mía, estás a punto de despertar. Con mucho amor y cariño, Merrick"

Me había quedado con la boca abierta y los ojos desorbitados, pero he de reconocer que estaba francamente intrigada. Pensé en el nombre de ese hombre que me había escrito por si me era familiar pero no fue así de ninguna manera, jamás lo había oído. Intenté por todos los medios pensar con rapidez, ser desconfiada como mi madre me había enseñado siempre después de que nuestro padre nos abandonara, pero no podía darle la espalda a algo que me llamaba tanto la atención, por sus sinceras palabras como por lo que esconderían detrás, quería saber de qué mundo estaba hablándome ese tal Merrick. 

- ¿Has dormido bien? - me preguntó, al bajar a la cocina. Mis ojos caídos le dieron la respuesta sin decir nada más - Veo que no, ¿qué ha sido esta vez? ¿Alguien que te seguía? ¿Muertes de seres sobrenaturales? ¿Poderes? - preguntó con sorna, para ella era un juego, pero yo era la que no dormía bien, por supuesto, para mí no tenía gracia -.

- No lo recuerdo - respondí, intentando dejar el tema. No me gustaba hablar de aquellas y cosas y más cuando se lo tomaba a risa - Simplemente, no pude dormir.

- Debes hablarlo conmigo, te lo dijo el señor Clowsky - se refería al psicólogo al que iba a ver cada tarde y el que no sacaba nada en claro de mis absurdas pesadillas - Será mucho mejor para ti, para que lo exteriorices, ya sabes...

- Tengo que irme a clase, ya hablamos - después de tomarme el zumo de naranja, salí rápidamente, no quería que nadie más se metiera en mi cabeza -.

Al salir a la calle, vi a varias chicas del instituto con aquellas falsas sonrisas pintadas en sus caras, sin girarse si quiera a saludar. Iba a ir detrás de ellas mientras pasaba desapercibida, pero saqué la carta que había encontrado en mi escritorio, la miré con atención y decidí que quería darle forma a aquellas palabras que un extraño había escrito para mí y las había dejado pulcramente en mi habitación, con aquella letra envidiable. Cogí el primer autobús que podía llevarme a la playa, iba repleto de gente, de hecho, no cabía ni una aguja por la hora punta, pero valía la pena la espera.

Me quité los zapatos y los calcetines para poder adentrarme en la arena y acercarme al mar, el lugar más tranquilo y relajante que había conocido, un buen lugar para pensar incluso. Me senté cerca de la orilla, esperando que apareciera el remitente de la carta que tenía en la mesa aquella mañana; los primeros cinco minutos fueron fáciles de ignorar, después fueron diez, veinte, cuarenta... me cansé de esperar y, frustrada, me levanté para dirigirme otra vez a la parada del autobús.

- Así que has venido - una voz intensa, tranquila y monótona se materializó detrás de mí - Tú debes de ser Crystal - asentí con la cabeza, intrigada -.

- ¿Usted es Merrick? ¿El de la carta? - se la enseñé conforme le veía sonreír con aquellos labios finos y desprovistos de cualquier piel seca, mientras sus ojos negros me miraban atentos, sus arrugas eran predominantes en todo su cuerpo, parecía tener más de setenta años e iba con un bastón para poder andar mejor, su cabello completamente blanco y largo hasta los hombros ondeando al viento -.

- Me puedes llamar como quieras, de hecho, voy a ser tu mentor durante las próximas semanas - me informó, con total seguridad y convicción, mientras le miraba con extrañeza - Por supuesto, todo ésto te va a parecer extraño, como a todos los que han estado en tu lugar antes, pero debes despertar de tu letargo, debes desprender aquello que no te deja florecer como una mariposa.

- Disculpe... no le entiendo - no sabía si parecería tonta o inocente con esa afirmación, pero me parecía más bien un loco que alguien que quisiera cambiar mi vida -.

- Tienes un poder que debe ser despertado - los labios que ensanchaban una sonrisa cambiaron, ahora permanecían tensos - Ese es mi deber.

Aún extrañada y, a la vez, sorprendida por todo lo que me estaba diciendo, sacó de su mochila una bola de cristal transparente, pulida e impecable. La puso en sus manos y me hizo una señal para que pusiera las mías encima de esa bola que desconocía todo lo que podía enseñarme y, lo que ocurrió después fue gratamente inexplicable. Mis ojos se abrieron de par en par al ver lo que era capaz de hacer, mirando aquella sonrisa que me transmitía y dándose cuenta de que ya entendía lo que me estaba ocurriendo. ¿A dónde me dirigía toda aquella historia?

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