Puertas a Otro Mundo - Capítulo 3: Gran Secreto



- ¡¡Crystal!! ¡¡Crystal!! - oía a Duriel a lo lejos, pero después de unos minutos, conseguía abrir los ojos, viendo lo que había producido a mi alrededor - ¡¡Para!! Tienes que controlarlo...

Ese pequeño momento de entrenamiento en el que había profundizado en mí misma para empezar a controlar mis poderes, se convirtió en algo mucho más complicado que eso. El sol se había escondido entre las enormes nubes que había producido, Duriel y yo estábamos empapadas debido a la lluvia torrencial que estaba aconteciendo en ese momento y estaba rodeada de una oleada de color azulado a mi alrededor. Era el intenso poder que salía de mi interior, era una fuerza que ni siquiera yo pensaba que tenía, tampoco sabía cómo pararla.

- No... ¡No puedo! - cerraba los ojos con fuerza, intentando apaciguar aquel manojo de poder que estaba produciendo -.

- ¡Concéntrate! ¡Cierra los ojos y piensa que estás protegida en el lugar que elijas, pero hazlo, vamos! - gritaba a través del fugaz viento que nos envolvía -.

Le hice caso, quería que terminara todo aquel caos que yo misma había producido. Al cerrar los ojos, me concentré concienzudamente para llegar a ese lugar en el que me había sentido protegida, ése era la casa del árbol, justo al lado de mi cuarto. Solía entrar allí cuando había discutido con mi madre o, simplemente, para encontrarme a mí misma, para alejarme del mundo. Me caí de bruces al suelo, dado que, había estado suspendida en el aire durante unos minutos, ahora sí que creía tener poderes.

- ¿Estás bien? - Duriel se acercó a mí y me ofreció la mano para ayudarme a levantarme de la hierba -.

- ¿Qué ha pasado? ¿Qué era todo ese...? - me paré en seco al ver que a lo lejos venían dos jóvenes rubios, con orejas puntiagudas y piel totalmente suave -.

Venían por el camino que Duriel y yo habíamos escogido para llegar allí. Ambos iban montados a caballo y sus miradas eran de total prepotencia, vendrían a saber qué había ocurrido en su preciado bosque. Había creado un verdadero caos... El que tenía los ojos azules, llevaba una túnica roja con símbolos dorados y el otro joven con ojos verdes, llevaba una túnica del mismo color más oscuro con los mismos símbolos que su compañero. Se bajaron del caballo y se acercaron a nosotras, Duriel no parecía estar contenta de verles, serían de la misma raza pero no compartirían ciertos ideales, a juzgar por cómo se miraban.

- ¿Qué haces aquí? - preguntó el joven de ojos azules, mirando a Duriel algo enfadado - Recuerdo haberte dicho que...

- Estoy aquí por Merrick, ¿de acuerdo? - el joven paró en seco y no dijo nada más, parecía comprenderlo - He venido porque me lo ha pedido, tenía algo que hacer en la Llanura Dorada.

- Tú debes de ser Crystal - me miró con total confianza, como si nos conociéramos de toda la vida y, lo único que sabía de él eran una serie de suposiciones absurdas sacadas de mi mente porque no esperaba que Duriel soltara una palabra - Es un honor.

- ¿Por qué es un honor? - le pregunté, algo brusca. No soportaba los secretismos que se dejaban ver en aquel lugar -.

- Has sido una leyenda en los mundos que conocemos, tu poder y fuerza han resonado durante mucho tiempo en nuestros corazones, hemos sido leales a la espera que nos correspondía - mi cara era de completa incredulidad, no entendía ni una palabra que decía, metafóricamente hablando, no entendía por qué era una leyenda -.

Mi silencio fue ensordecedor, ¿cómo podía ser una leyenda una joven sin nada más en su lista de tareas que ir a clase, sacar unas notas aceptables e ir al psicólogo sin faltar a ninguna cita? Mi vida era aburridísima, no sabía por qué tanto interés en mis poderes, además, acababa de descubrir que podía crear una tormenta con solo cerrar los ojos. Todavía estaban descontrolados, Merrick parecía tener fe en que en algún momento podría controlarlos y pasar a ser mi maestro desde un punto de vista mucho más intelectual. Hasta que no pasara esta fase de entrenamiento, no podía pasar a otro nivel, así que, aunque todavía estuviera confusa, tenía que hacer todo lo que se me pidiera sin rechistar.

Después de aquella conversación, no pude concentrarme en nada más. Ambos jóvenes nos dejaron, dada la insistencia de Duriel en que no había ningún problema en el bosque y la fiel promesa de que no quemaríamos ningún árbol, algo de lo que yo no estaba muy segura. Se quedó mirándome fijamente, se había dado cuenta de que algo me rondaba la cabeza y era imposible que mi mente se quedara mínimamente quieta, así que, con una pesadez en la voz, no pudo evitar preguntar:

- Bien, ¿qué es lo que te pasa?

- Ha dicho algo sobre que he sido una leyenda y no sé muy bien cómo... - bajé la mirada en señal de contrariedad - Tan solo soy una chica aburrida que vive en el centro de una ciudad, nada más.

- Eres mucho más que eso, desde hace siglos que has estado en la boca de todos por aquí. Literalmente, eres la salvadora de los mundos, la que nos hará libres y la que reinará entre nosotros, al menos, eso es lo que dicen - me miró de arriba a abajo dándome a entender que no merecía tanto halago -.

- ¿Desde hace siglos? ¿Es que leéis el futuro o algo así? - le pregunté con los ojos como platos y dejando ver mi sorpresa por todos los recovecos de mi cara. En respuesta, Duriel puso los ojos en blanco -.

- Muchos de nosotros podemos hacerlo. Antes de que nacieras ya sabíamos que vendrías aquí, que serías la elegida para llevarnos a algo mucho mayor que lo que esperamos - su voz se volvía cada vez más pesada, no creía ni una palabra de lo que estaba diciendo - Aunque primero, debes entrenar.

- ¿Te ocurre algo con este lugar y esta gente? - aproveché que estábamos sincerándonos para que me contara lo que le rondaba por la cabeza, pero fue un error -.

- Dedícate a ser lo que se espera de ti y cierra el pico - terminó la conversación por completo con voz seca y cortante, como siempre hacía desde que la había conocido -.

Finalmente, decidí cerrar los ojos viendo su actitud. Estaba realmente sorprendida por todo lo que me había contado, ¿cómo sabían de mi existencia antes de que yo naciera?, ¿había personas que podían leer el futuro?, ¿cómo podía yo guiarles a una nueva etapa?, ¿contra quién tenía que luchar para hacerles libres?, ¿quién era ese villano con sed de sangre que perseguía a esta gente?. Dios, había muchas preguntas que cruzaban mi mente sin parar, sin poder abrir la boca porque Duriel estaba lo suficientemente herida como para aceptar lo que debía responderme. 

Cuando entré en una especie de trance, una relajación que inspiraba a que mis poderes empezaran a fluir desde un primer momento, empecé a ver varios colores en mi mente, varias líneas blancas que surcaban entre los colores, era una especie de centro de poder, algo que había experimentado en una de mis pesadillas. Traté de canalizar toda la fuerza que tenía en mi interior, pero volví a enfurecer a Duriel, no soportaba mi torpeza y, la verdad, yo tampoco. Terminé incendiando todos los árboles que había a nuestro alrededor sin siquiera quererlo. ¡Ui...!

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