Otra Verdad:



Una fotografía puede mostrar innumerables estados de ánimo, inmortaliza momentos diferentes y crea nuevos recuerdos, incluso, te hace rememorar aquellos a los que ni siquiera habías prestado atención. Llevaba días encerrado en mi habitación, soñando en nuevas oportunidades o recordando falsas verdades que me dijeron pero que nunca han sido del todo ciertas, ni siquiera tenían un ápice de sinceridad, me preguntaba cómo había sido tan inocente al creer que mi padre estaba muerto sin tener ninguna prueba con la que barajar esa posibilidad, ni siquiera me dieron la oportunidad de intentar acercarme aunque fuese un poco para tener mi opinión sobre él.

Mis padres salen juntos en innumerables fotografías, siempre sonriendo, como si su matrimonio fuera perfecto... ni siquiera me encajaban esas pequeñas historias materializadas en una sola, tampoco había razón para que lo hicieran. Mi madre me contó todos los pecados cometidos, los errores que la llevaron a este punto límite en su vida en el que fue necesario decirme la otra verdad que tanto escondía, mientras provocaba un remolino en mi interior lleno de preguntas sin una respuesta, mientras seguía atado a recuerdos casi inexistentes. Muchas de las cosas que creía saber, ahora no tenían sentido, ni siquiera podía imaginar que la imagen que me había hecho de mi padre fuera tan equivocada, había maltratado a la única mujer que decía amar y ahora quería volver a verme tras veinte años de ausencia, ni siquiera merecía una sonrisa.

Eran tantas las emociones que era como si mi pecho fuera a explotar. Tan solo pensaba en ese momento en el que mi padre estaría al otro lado de la puerta esperando una respuesta, tratando de ver a su hijo perdido, el que fue secuestrado por su madre para poder huir de su maltrato diario. Trato de entender ambos puntos de vista pero ni siquiera puedo ver dónde entran en conexión, dónde se perdió uno y empezó su camino otro, se supone que nos largamos de la ciudad y empezamos una nueva vida con el dinero que le robó de los múltiples conciertos que realizaba con su banda en los pubs donde les pedían tocar. Era como estar presente en una telenovela barata que no querías ver pero que parecías obligado a presenciar porque formaba parte de ti, de quién eres... 

Mi padre había estado enganchado a las drogas durante un largo y tedioso periodo de tiempo pero ahora, parecía estar mejor. Quería mantenerse despierto constantemente para llevar a cabo su trabajo como músico, mientras se volvía agresivo y zarandeaba a mi madre cada vez que se le presentaba la oportunidad. No sabía cómo responder a eso, la verdad, estaba perdido, tenía una familia rota y ni siquiera me había enterado porque los sus labios estaban sellados. Mi madre tenía lágrimas en los ojos, se respiraba el sentimiento de culpabilidad en el aire y no podía hacer nada para evitarlo porque tenía la sensación de haber sido traicionado por la única persona que creía que me había amado. Tenía las emociones a flor de piel y más mirando aquellas fotos que parecían tan lejanas, tan llenas de significado pero que carecían de sentido para mí, jamás pude conocer aquellos momentos, me fueron arrebatados por actitudes ajenas.

Era de noche, no había cenado porque mi estómago no estaba demasiado dado a los disgustos y se me había cerrado. Mi madre no quiso agobiarme tras haberme contado la otra cara de la moneda, la otra verdad atrapada en su interior pero, el timbre de la puerta interrumpió mis pensamientos. Alcancé a oír la voz de un hombre, sus pisadas, cómo le temblaban las palabras a mi madre y cómo mi cerebro empezaba a analizar la situación a mil por hora. Empecé a levantarme de la silla poco a poco, me limpié los ojos y la nariz y esperé la llamada de mi madre ahora al otro lado de la puerta, procurando que saliera para recibirle.

- No tengo hambre - le respondí, casi en un susurro -.

- Muy bien, emmm... - carraspeó varias veces, tratando de ocultar el miedo que sentía por la persona que había permitido que pasara por la puerta - Tu padre está aquí, quiere verte.

- ¿Cómo? - he de reconocer que estaba sorprendido que hubiera decidido venir sin avisar - No quiero... no quiero salir.

- Solo es un momento cariño - su voz parecía desesperada, era como si la estuviera coaccionando -.

- Un momento, ¡ahora salgo!

No iba a permitir que las visitas de un desconocido que nada tenía que ver con nuestro día a día interrumpiera nuestras comidas o momentos en familia porque él no pertenecía a ella por mucho que fuese mi madre la que decidiera vivir lejos de esa persona a la que se hacía llamar "padre". Cogí un cuchillo que había utilizado para cortar la fruta aquella misma tarde y lo guardé detrás de la espalda, saliendo poco a poco de mi habitación, despacio, con tranquilidad, haciéndole creer que tenía curiosidad por conocerle. Era un hombre alto, fornido y con mirada eclipsante, tenía pinta de machista y un tanto manipulador pero dejé pasar eso para dar pie a la conversación sin que se diera cuenta de cuál iba a ser mi cometido final.

- Soy Jake - le informé, justo cuando estuve lo suficientemente cerca como para que pudiéramos hablar -.

- Me llamo Shean - me dijo, con voz profunda y bastante elocuente, mientras mi madre agachaba la cabeza, dejando entrever su miedo - Encantado de conocerte, chaval.

- No supe nada de ti hasta hace dos días - mi voz era bastante serena, a pesar de las circunstancias que nos ocupaban en aquel momento -.

- Tu madre...

- MI madre hizo lo que tenía que hacer - le espeté, algo más enfadado para provocarle un poco - No supiste cómo llevar la situación, eso es todo.

- ¡Oye, chaval! Si te crees que vas a poder hablar así a tu padre...

En cuanto se acercó para levantarme la voz y señalarme con el dedo, le clavé el cuchillo que llevaba en la espalda justo en la costilla derecha, provocándole un sangrado bastante impresionante y dejándolo de rodillas. Mi madre gritó, asustada, tratando de averiguar qué había ocurrido durante esos minutos que parecía haber estado ausente, mirando hacia abajo y con la autoestima por los suelos con una sola mirada de ese hombre que parecía haberla manipulado para llegar hasta mí.

Ahora, ni siquiera sé a dónde vamos o lo que nos encontraremos. El aire roza mis mejillas tras liberarme de todo el dolor infligido por ese hombre al que mi madre dijo tantas veces "padre" a pesar de no haberle conocido en tanto tiempo ni haber sabido de él. Habíamos recogido todas nuestras cosas, nos habíamos subido al coche y dejado tras de nosotros el cadáver de nuestro pasado, un enorme error cometido del cual no estaría aquí mismo si no hubiese ocurrido y un montón de kilómetros que recorrer ante nosotros para escapar de aquella venganza tan merecida, de hecho, no me arrepentía.

Siempre me había sentido apenado por aquello que se fue y no volvió, por las diferentes razones que llevan a una persona a abandonarte, a alejarte, a corromperte por dentro... Quizá, al principio, me enfadé con mi madre por no contármelo pero, ahora siento que puedo seguir adelante sin el lastre que se posaba sobre mis hombros desde el momento en que supe que le había puesto la mano encima, nadie merecía que lo trataran así y menos a la persona más importante de mi vida. Empezaba a verse algo de luz a lo lejos, dejando los momentos de oscuridad atrás para seguir viviendo un futuro incierto y cada vez más cercano...

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